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Lima, Perú · Periodismo musical independiente Est. 2026
La música peruana, en voz alta

Análisis · Industria

Del cassette al algoritmo: cómo cambió (o no) la dificultad de hacerse escuchar en el Perú

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Cassettes y radio antigua

Por Álvaro · Decibeles · 2026

Hay una pregunta muy importante que casi cualquier músico peruano podría hacerse razonablemente: ¿era más fácil hacerse escuchar antes o ahora? La respuesta, una que ha variado a través de cada década de rock, la hemos construido en base a nuestra conversación con tres artistas de tres épocas completamente distintas. Y lo que concluimos fue que la dificultad no ha desaparecido con la llegada de la tecnología, está únicamente cambió de forma.

Arturo Prieto, de la banda Río, una de las bandas más importantes del rock peruano, vivió en una generación donde ser músico profesional difícilmente era una elección, era como hacer un trámite. En ese Perú de los setenta y ochentas existían apenas unas cinco o seis disqueras, y sin un contrato firmado con alguna de ellas, era imposible grabar alguna canción. Prieto lo compara con algo casi imposible, una suerte de tinka. Río se demoró más de dos años tocando la misma puerta, pero al final era un filtro claro: si conseguías el contrato, eras artista. Si no, no.

Carlos García llegó a inicios de los 2000, en lo que él mismo llama un momento “bisagra”: el internet existía, pero aún no era un espacio comercial. Bandas establecidas como Líbido o Mar de Copas peleaban por espacio en radio y televisión, mientras que la escena punk donde participó García construyó comunidades mediante correos y papeles pegados en puertas de conciertos. El internet era un lugar muy vacío, y en la parte buena, no había competencia. Hoy, como él mismo dice, es lo contrario.

Renzo Lancho, fundador de Dale Vuelta desde los 90s, pone la dificultad ya en papel: subir una canción a una plataforma no te hace más fácil llegar a la gente. “Porque, básicamente, si no pagas, no llegas.” El filtro económico de la disquera fue reemplazado por el filtro de la publicidad digital, solo que ahora es invisible y la competencia es decenas de veces más amplia.

Todos estos testimonios nos dejan con una imagen clara: la dificultad no desaparece, se traslada. Primero fue física, conseguir un contrato, una prensa de discos. Ahora es virtual, pagas por alcance y compites contra un volumen de producción que ningún oyente podrá satisfacer. Prieto lo resume con una metáfora brillante: antes, escuchar música era como ir a una ferretería con una sola fila finita de tornillos. Hoy es un corredor sin fin que crece cada día, del cual solo puedes ver los primeros metros, con decenas de tornillos siendo exactamente iguales.

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