Inicio / Análisis / El arte como resistencia

Vivimos en una época donde, por primera vez en la historia, es posible que una persona en Lima, otra en Tokio y otra en Nueva York escuchen la misma canción al mismo tiempo, recomendada por el mismo algoritmo. Este escenario no es gratis: tiene un costo cultural e identitario que pagar. Tal como señalan Salazar et al (2025), el proceso de globalización tiende a la homogeneización, absorbiendo incluso lo que nace como resistencia y convirtiéndolo eventualmente en una variación más del producto globalizado.
No busco que se rechace la tecnología ni la globalización, eso sería absurdo. Busco que se entienda que la uniformización no es un fenómeno neutral: tiene ganadores y perdedores. Los géneros que ya contaban con producción, distribución e inversión, como el pop anglosajón o el reggaeton consolidado, tuvieron la ventaja estructural para convertirse en el estándar global. Esto deja a expresiones culturales más pequeñas en desventaja total, solo porque no tienen el mismo aparato detrás para amplificarlas.
En ese punto, la música local adquiere un carácter especial: se convierte en una especie de acto de resistencia cultural, prácticamente de casualidad. Cada canción escrita en un contexto específico, con referencias, idiosincrasia y temáticas del país, funciona como un contrapeso frente a una tendencia que exige cierto formato para tener éxito. No porque se busque explícitamente la “resistencia”, sino porque la misma existencia ya constituye una forma de afirmación identitaria.
Sin embargo, sería ingenuo decir que esta “resistencia” es suficiente por sí sola. La identidad cultural no sobrevive únicamente por la voluntad de sus autores, la otra parte necesaria son los consumidores, que la difunden y la validan. Si la audiencia termina prefiriendo lo que el algoritmo global ofrece, la expresión cultural propia pierde sentido. Aquí el problema toma otra dimensión: escuchar activamente lo propio, en un mundo donde lo fácil es dejarse llevar por lo que la plataforma sugiere, ya es aportar a impulsar tu escena musical local.
Tal vez la pregunta más importante no sea si la música peruana podrá resistir a la uniformización global, estoy seguro de que sí puede. Tal vez la pregunta habita en si existe suficiente comunidad y voluntad colectiva para que la cultura propia no dependa solo de unos pocos. Al final, la uniformización no se combate apagando el algoritmo, sino recordando que hay mucho que vale la pena escuchar más allá de lo que este decide mostrarnos.
Referencias
Salazar, J., Villalta, D., Tacuri, M., Ramos, E. y Maldonado, P. (2025). La globalización y sus desafíos para las culturas locales. Polo del Conocimiento, 10(11), 2873–2884.